sábado 14 de enero de 2012

Relevo ministerial



El viejo Ministerio de Sobresaltos y Asuntos Inaplazables fue suprimido sin que lo sustituyera ningún otro Ministerio similar. Por eficacia y austeridad, sobraban sus servicios en un Gobierno conformado todo él por la premura y la incertidumbre de los tiempos que corrían. Sus altos negociados fueron asumidos por varias otras Carteras, por ejemplo: la Dirección General de Órdagos y Globos Sonda quedó integrada en el Ministerio de Portavocía y Comunicación. La Subdirección de Catástrofes, Tumultos y Patatas Calientes, como no podía ser de otro modo, fue incorporada a los organigramas de Interior y de Obra Pública. La Secretaría de Estado para Decretos en Agosto y Procedimientos de Infarto quedó a cargo de la misma Presidencia.
El Ministro saliente, al no haber Ministro entrante, no sabía a quién debería hacer el traspaso de poderes y la entrega material de la cartera del cargo. Los de Protocolo le enviaron las instrucciones y, cuando las hubo leído, transmitió su firme negativa a multiplicarse en varios actos de entrega repartiendo carteras de un sitio a otro como un rey mago, tal como le indicaban. Y, por si se les ocurría, también protestaba de antemano ante la idea de que fueran sus subalternos (Secretarios, Subsecretarios, Directores Generales...) los que hicieran entrega de cartera alguna en cada acto público y solemne de traspaso, por parecerle que una cosa era suprimir un Ministerio -histórico, por otra parte- y otra bien distinta, degradarlo. 
Tales negativas crearon un quebradero de cabeza. La única posible alternativa era que los Ministros y Ministras entrantes que heredaban sus quehaceres fueran recibidos, en bloque, por el Ministro saliente en las dependencias del extinto Ministerio de Sobresaltos para recibir de sus manos el símbolo de su nueva responsabilidad. Pero esa opción conducía al otro extremo: dar al Ministro en funciones una presencia y centralidad desmedidas, como la que correspondería a un Presidente, tras haber sido el responsable "casi anónimo" de un Departamento desde siempre "discreto, más bien opaco", apenas advertido con el conocimiento de los entresijos del Estado. 
En coincidencia, por aquellas fechas los editoriales, artículos y comentarios que casi a tientas hacían historia del poco conocido Ministerio lo calificaban en términos parecidos: en la sombra, impenetrable, incluso -excediéndose tal vez en la adjetivación- etéreo, evanescente, difuso, ingrávido, incorpóreo, fantasmal... Tal era la insistencia general en la invisibilidad y misterio de su antigua labor, que se le ocurrió al prócer solicitar lo que nunca esperó le aceptaran: tal como propuso, no hubo presencia del viejo Ministerio en los actos de traspaso gubernamental, ni se le nombró siquiera, y en cambio diligenciaron una sala en el más notorio museo de cera del Estado, donde una figura de rostro impreciso, casi amorfo- que lo representaba tanto a él como a cualquiera de sus predecesores- portaba en mano un maletín con la leyenda Ministro de Sobresaltos y Asuntos Inaplazables.

2 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Yo creo que este ministerio existe siempre sin existir, con más o menos rostro. Con muchísima cara, indudablemente.
Curioso relato.
Saludos.

Eduardo González Ascanio dijo...

Hola, Olga. Pues sí, creo que es un ministerio transversal, aparejado al poder, el que sea.
Saludos.