La llamada mano invisible del mercado, la que supuestamente se regulaba por sí misma poniendo en orden las cuentas privadas y públicas, está desmantelando la soberanía de los países, desvalijando sus arcas y arrebatando toda seguridad a sus habitantes que -presas del pánico- ignoran si ya habrán tocado fondo en su desgracia, si aún queda tierra por abrirse bajo sus pies o si no existirá siquiera el fondo sobre el que pisar, algún día.
A la aterradora mano que nunca se ve, que sólo se deja notar en las consecuencias de sus obras cuando actúa sin norma ni freno, le siguen saliendo defensores que desvían las culpas repartiéndolas entre toda la Humanidad. Improductivos y derrochadores -dicen- los pueblos y los idividuos pagan cara la factura de haber urdido y disfrutado una frágil y engañosa prosperidad; que esa mano es todos y nadie, por otra parte, y nadie en concreto se halla detrás de sus desmanes.
Y es entonces cuando más escuecen sus arañazos, pues -como en una versión actualizada del tango Cambalache- encima nos quieren igualar manoseados todos en un revoltijo impúdico: pequeños inversores con grandes fondos de inversión, ahorradores modestos con gran conglomerado bancario, cotizantes asalariados con agencias de intermediarios, revueltos unos con otros bajo el lema, o mandamiento divino: "El mercado somos todos."
Especialmente a quienes nunca le amenizaron el baile a la afrentosa mano, ni jamás alentaron con la opinión o el voto a sus babeantes paladines, los que ni se vendieron en su día a la orgía del despilfarro y la ostentación, ahora les queda al menos, en la impotencia, defender el lenguaje para que no lo enturbien con su vaguedad interesada y encubridora quienes los están dejando secos: frente a mano, mercado, inversores, expertos, oponer especuladores, brokers, compañías petroleras o holdings, según de quién se trate, y con nombres propios. Frente a la invisibilidad el retrato; frente a la vaguedad genérica la discriminación. Así les pido desde este espacio a los que tienen que comentar e interpretar con conocimiento los movimientos y las astucias que están teniendo lugar en este gigantesco cuarto oscuro (o cambalache).

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